Si alguna vez has observado a una persona ciega caminando con su perro guía tienes que haber leído la verdad de la fe ciega que 2 Corintios 5:7 está tratando de enseñar. Han visto lo que significa vivir por fe y no por vista. La persona ciega debe confiar totalmente en la capacidad de su compañero canino. Ellos no pueden ver los peligros que se encuentran delante de ellos, por lo que deben confiar en que su ayudante puede. No saben cuándo hacer vueltas en su viaje para llegar al destino correcto, por lo que debe entregarse a la formación de su guía. Ellos podrían fácilmente sentarse y ceder a su discapacidad con la racionalización que por ser ciego es muy peligroso tratar de vivir la vida al máximo. Pero en lugar de ceder ante el miedo, ponen su completa confianza en su perro guía y disfrutan la vida.
Hay una segunda verdad que hay que aprender de la vida de una persona afectada por la ceguera física. Porque no pueden ver todas las posibilidades de peligro que puedan rodearlo, sus espíritus se liberan de imaginar todas las posibilidades de éxito que vive dentro de ellos. A veces, no ser capaz de ver lo que podría salir mal, nos permite contemplar lo que puede ir correcto. A veces, no ser capaz de ver una barrera que podría detenernos, hace posible vislumbrar un camino imparable. A veces, no ser capaz de ver las mentiras acerca de nuestras limitaciones, nos permite ver la verdad acerca de las posibilidades. Una fe ciega produce una visión espiritual de 20/20.


